Como cada mañana laboral, Andrés F. G. bajó al parking con el aliento sabor a café con leche y el sueño achinándole la cara. Se subió al coche y encendió la radio. Al llegar al semáforo de Muntaner, miró al vehículo que estaba detenido a su derecha, un Mini rojo y blanco. Al volante, reconoció a su buen amigo Juan V. T., quien también le miraba con asombro. Ambos giraron rápidamente la cabeza en sentido contrario, evitando saludarse. Andrés sabía positivamente que Juan no poseía coche ni carné de conducir. Juan sabía positivamente que Andrés moriría en accidente de tráfico esa misma mañana.

