Mariana Tejeda lleva 33 años acudiendo todos los domingos a la puerta del cine Callao de Madrid, pero nunca llega a entrar a ver la película. El segundo domingo de enero de 1972, cuando Mariana contaba con 16 años, se citó con un joven en ese cine y él no se presentó. “A debido de tener algún problemilla, pero seguro que acaba presentándose”, dice convencida Mariana, quien luce siempre una rosa blanca en el ojal.

