Erika Magnus, azafata de American Airlines que hacía regularmente la línea Oslo-New York, introducía fuertes somníferos en las bebidas de los pasajeros de business class para luego propasarse con ellos. Entre otras vejaciones, Erika les abofeteaba fuertemente, les pellizcaba los pezones, les lamía los lóbulos, frotaba sus generosos pechos contra sus caras, se levantaba la falda, les preparaba martinis con gaseosa y les desabrochaba los cinturones de seguridad. Una vez descubierta, al ser interrogada por el motivo de su escandalosa actitud, la azafata se limitó a asegurar que nunca cobró un penique más por dichos servicios.

